En este teléfono
El archivo se queda donde ya está, así que no acabas con dos de cada cosa. Se sella en el momento en que lo envías. Antes de eso está tan seguro como lo esté tu teléfono: si tu teléfono está bloqueado, tu archivo también.
No en nuestros servidores. Ni en una carpeta que pudiéramos abrir si alguien nos lo pidiera con buenos modales. Añades un archivo, lo ordenas, y cuando se lo mandas a alguien viaja sellado y luego desaparece del medio. No queda una copia intermedia por la que nadie pueda preguntar.
Ya en Android, y en iPhone dentro de la beta de TestFlight. Archivos salió en Android en la 0.11 y tiene su propio sitio en la barra. La versión de iPhone también lo lleva y se puede instalar como TestFlight beta, que es una beta y no la App Store.
Una foto de las vacaciones y un contrato firmado no necesitan el mismo cuidado, así que eliges tú. Esto es lo que te da cada uno.
El archivo se queda donde ya está, así que no acabas con dos de cada cosa. Se sella en el momento en que lo envías. Antes de eso está tan seguro como lo esté tu teléfono: si tu teléfono está bloqueado, tu archivo también.
Una copia cerrada dentro de la aplicación, que solo abre tu frase de acceso. Quien tenga tu teléfono en la mano no obtiene nada legible. Es la opción para los documentos que te importaría perder, y puedes mover un archivo aquí en cualquier momento, sin tener que volver a buscarlo.
La mayoría de las cosas no hace falta guardarlas bajo llave, y fingir lo contrario solo te llena el teléfono. Añádelo todo de la forma ligera y luego cifra los pocos que importan, con un gesto, y la aplicación te dice claramente que a partir de ahí tendrás dos copias hasta que recojas el original.
Una lista de nombres de archivo no te dice nada sobre lo que estás a punto de enviar. Aquí cada archivo lleva una marca, cómo de confidencial es y a qué parte de la organización pertenece, y esa marca se queda con el archivo cuando viaja, así que llega ordenado igual en vez de caer en un montón.
El nivel viene escrito en cada fila. El color ayuda a repasar de un vistazo, pero nunca es lo único que te lo dice: nadie debería decidir si un documento puede salir del edificio acordándose de qué quería decir el ámbar.
Envías algo y su marca va con ello, así que aterriza bajo el mismo encabezado en el otro teléfono en lugar de volverse corriente sin que nadie se entere. Quien lo recibe ve lo mismo que veías tú.
Los niveles y las áreas son como ya los llame tu organización. Aquí nada da por hecha una escala oficial, y un nivel para el que no nos han dado nombre se muestra tal cual en vez de adivinarlo.
Un nivel decide quién puede abrir un archivo. No decide dónde se puede poner: si puedes leer algo, aquí no hay nada que te impida archivarlo en un sitio menos protegido. Marcar es un sistema de archivo con dientes del lado de la lectura, no una defensa contra alguien que se lleva material hacia abajo.
Antes hacíamos enlaces para compartir. Funcionaban, y el servidor no podía leerlos, pero un enlace es una llave que cualquiera puede reenviar y que no tiene ni idea de lo que lleva dentro. Así que los quitamos.
Ahora un archivo va a alguien que tú has elegido, por el mismo canal cifrado que tus mensajes. Antes de enviarlo, la aplicación te dice quién podrá abrirlo, con esas palabras. Esa frase es deliberada: una marca dice cuánto cuidado hay que tener, y darle el archivo a alguien es tu decisión de que puede. Nada más adelante va a cuestionarlo, así que el momento en que tocas enviar es el que cuenta.